De repente se despertó. El lago nunca había resplandecido
como hoy. Dibujó su nombre sobre la arena. ¿Era acaso su destino? La rama se
arrastraba y sentía que esas letras no podían combinar mejor, toda su vida
había estado esperando este momento. Quizás lo suyo era escribir. Una secuela
de su infancia siempre le dejó ganas de expresarse. “Los artistas no se nacen,
se hacen” pensó. Esta excitación no podía no ser especial. ¿Pero se perdía de
algo? El mar… ¡Nunca algo le pareció más fascinante! Deseo de embarcarse y
zarpar. Algo tan real y tan irreal a la vez. Su parte favorita era la
combinación con la luna y se cuestionó si era parte de una alucinación. El reflejo era lo más
precioso que jamás haya visto. “Ella se lava la cara todas las noches”; rió
para si mismo. Estar solo en una isla atemoriza, pero la verdad es que se
siente grandioso. Él puede imaginar música, sin escucharla. Todos necesitamos
un momento para hablar con nosotros mismos, la vida no es un papel que vuela a
la deriva, sino un timón que nos puede llevar a lugares fantásticos. Es
gracioso en realidad; tantas cosas que creía y por las que luché hoy se
desvanecen, pero es parte de un crecer. Las visiones cambian así como las
filosofías. Uno va entendiendo el mundo o desentendiéndose con él. Es todo
bello, cualquier camino. Se puede sentir pero no se explica, esa vibración que
mueve el espíritu. Y pasa solo cuando uno siente que tiene todo por delante.
Cielo y tierra, todo me pertenece.
El suelo es sagrado cuando uno lo camina bien; y esos pasos
marcaban un ritmo andante. Respiró naturaleza, lloró hojas, sudó agua. Avanzar
por el camino hizo que su cabeza reflexionara mientras esquivaba obstáculos;
estaba solo, completamente solo. Podía saltar, correr, gritar, llorar, nadie
respondería, o al menos nadie que pueda entender. El océano se perdía y todo se
llenaba de árboles. Esto no podía ser mejor: perderse, reencontrarse, como un
sueño que nunca termina. Pensar en ella lo motiva, pero a la vez lo retrasa.
Esto no se trata de imágenes visuales, sino de sensaciones interiores. ERA
LIBRE. Esto no se consigue todos los días. Su alma puede reposar en paz hoy. No
necesitas drogas para estar drogado, si realmente lo intentas. El universo es
grande pero ciertas personas logran entender antes de morir lo pequeña que es
la clave del disfrutar, de la felicidad. ¡Subí esa montaña! ¡Cruza ese arroyo!
¡Monta esa ola! Nadie te manda ahora, sos el arquitecto de tu propio destino.
Quizás llegará el momento y finalmente pasará, quizás algún
día escape con ella. Mientras tanto esperaré… El verdadero amor espera.
Perderse, reencontrarse, como un sueño que nuca termina. Ir y venir en un mismo tren sin bajarse en ninguna parada por temor a no saber a dónde ir, qué rumbo tomar, que sentimiento sentir.
ResponderEliminarA veces siento que por más libre que sea no puedo dejar de transitar ese mismo recorrido por miedo a la inmensidad del universo. Una vez sentí la felicidad pasar rozándome la espalda, pero nunca me dejó verle la cara, enfrentarla ojo a ojo, persona a persona.
Me pierdo y me reencuentro en un mismo lugar porque no tengo un mapa, porque nadie viene en mi busca, nadie aparece. Debo seguir esperando a que la luna me mande una señal, un océano, un mar de luces que me incentiven a salir de este vagón sin frenada?
Desearía tener la respuesta precisa a tu pregunta pero como intuíras, no la tengo. Lo lamento pero a la vez no tanto... En cambio, pienso en tu tren. Las ruedas que giran rápido, el chillido del choque del acero al pasar. Ella y su pelo, que se despeina con el viento. La envidio. Podría elegir cualquier parada que quisiese con solo chiflarle al maquinista: pero en cambio duda. Si tan solo supiera que cualquiera esta bien. Cualquier elección esta bien, siempre y cuando lo sienta y la haga feliz. No es el destino lo que va a cambiar las cosas, sino cómo uno vive el camino. La vida esta en cómo decidimos más que en la decisión en si. Entonces de nuevo, lamento no tener la respuesta a tu pregunta, aunque quizás si la tenga... Qué importa: ¡Ey! !El trén esta parando! iPuedo ver el mar!
ResponderEliminarNo mucho después recibí un indicio: un envoltorio de chocolate escapándose por una de las ventanillas abiertas del tren. No me hizo falta mucho para saber que era la parada. Una parada que podría haber sido cualquier otra, pero al fin y al cabo me decidí a escuchar la respuesta a una inquietud tan muda pero pesada dentro de mi ser.
ResponderEliminarFrenos. Un segundo de eternidad ciega, sorda y muda. Y bajé.
Me perdí y me reencontré en el mismo instante, pero no de la misma forma que lo venía haciendo en ese tren... Ahora veía la luna sin sentir la vibración de los rieles: ya podía andar por mi misma. Ahora escuchaba el sonido de la libertad sin el susurro de la locomotora de fondo. Ahora olía la sal de las olas como si estuvieran dentro de mi boca. Ahora sentía el viento propio del mundo y no el de la inercia del movimiento. Ahora me encontraba con un universo diferente, disftutable, inspirante, feliz...
Gracias al papelito encontré un lugar en el mundo.
La próxima que pase el tren me voy a subir de nuevo sólo para bajarme otra parada al azar. ¿Querés venir? Te invito!