Acercándose a la luz brillante. Quien
diría que lo que se dice ya está dicho y lo que no está por decirse: uno es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras. Llegando
al mismo punto pero dándole otra vuelta de tuerca, el secreto está en la mira,
hacia donde uno apunta y qué tan calibrado esta. Basta con creer en lo
increíble para creerse creíble y explotar. Es entonces cuando estalla la
cabeza, los huesos, los oídos; pero por sobre todo, la cabeza. Me sumerjo en
diamantes y nado todos los estilos que mi imaginación me permita. De a poco me voy haciendo impermeable al dolor y permeable al perfume azul que genera sonrisas, que transporta imágenes Ahora de repente es una colina verde, y un
árbol de hojas amarillas que espera en la cima. Lo camino por alrededor y miro
todo desde lo alto. Estoy flotando y nada me detiene. Nada más cómodo excepto
quizás el reposo de un banco de madera que le hace compañía al árbol. Se pasan
los días charlando hasta que un visitante como en este caso, interrumpe
desapercibidamente. Es otra mística la que se genera, es la propia del
lugar. No voy a esperar hasta otoño para ver las hojas caer, o a septiembre
para que todo florezca. Uso mi mente y todo se genera. Crece y decrece, pero
nunca muere. Acostado sobre el pasto. El cuerpo y la piel sienten la suavidad
de la hierba, la mente se desvela con el cielo. Aquel cielo turquesa que se peina
de nubes pasajeras: claras cuando quiero que sean claras y grises cuando quiero
que sean grises. Una cara se dibuja en la toma, así de la nada. Sonríe, alegre,
mostrando los dientes. Es hermosa. Apareció de la nada y lleva un vestido
verde. Nos sentamos en el banco. Una manzana cae de la copa. La tomo, friego,
ofrezco un mordisco. Ella es suave como la fruta. El roce de su mano me
transmite un calor que me conmueve. ¡Mierda! Parece un sueño. Reímos, pero
nunca se sabe por qué. Caemos, rodamos, nos agitamos. El día pasa pero no se
nota, el sol siempre está igual.
vos y tu fanatismo por las manzanas...
ResponderEliminarjaja me conocés (:
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